Comprobaba el tamaño con 'stat -c%s'. macOS trae la versión BSD, que usa -f%z,
así que el comando fallaba, caía en el '|| echo 0' y el script daba por fallida
una descarga correcta: 'FALLÓ (HTTP 200, 0 bytes)'. El 200 decía que había ido
bien; lo roto era la comprobación.
Ahora usa wc -c, igual en los dos sistemas, y comprueba que el archivo exista.
La cabecera ya no dice 'ejecutar en el nodo': si el dashboard puede vivir en
una carpeta cualquiera, su instalador de fuentes también.
Las librerías (React, Babel) venían de unpkg.com y las fuentes de Google.
Ninguno veía qué transacciones analizabas, pero ambos recibían tu IP y la hora
en cada apertura: sabían que usabas Txoko, cuándo y desde dónde — el metadato
que la propia herramienta enseña a proteger. Ahora se sirven desde el nodo,
con verificación por hash y versiones fijadas. El dashboard funciona sin
internet.
Además, caché con TTL y coalescencia en useApi: las transacciones confirmadas
son inmutables y se cachean toda la sesión, así que repetir un análisis ya
explorado no cuesta ninguna petición al nodo (medido).